Torrellas: puertas que dejan entrar.

Nos enseñaron los textos, leídos a salto de mata en la vorágine de la vida activista, que el desarrollo comunitario abre puertas a la construcción de ciudadanía, Y nos enseñó la realidad, vivida a trompicones entre lecturas, que nosotras mismas podíamos abrir esas puertas. Al encuentro, a la organización social, al empoderamiento colectivo. En cualquier lugar, en cualquier comunidad, en cualquier tiempo.

Lo sabe toda aquella que lo ha intentado. Podemos cambiar el mundo. Hay que hacerlo, hay que intentarlo. Y lo sabemos las que lo hemos intentado en Torrellas, abierta desde hace dos décadas al compromiso colectivo. Miles de jóvenes se han formado y han autoconstruido procesos de ciudadanía activa.

Ahora el Ayuntamiento pinta puertas, puertas que se abren como una metáfora de brazos que acogen, como una reafirmación de la Torrellas medieval en la que convivieron tres Culturas. Esa Torrellas de frontera que se resiste a desaparecer y a despoblarse. Y que siglos después concita iniciativas de supervivencia: comunitarias, Caravana de Culturas, Julio Cultural; socioconómicas: apoyo a autónomos; educativas: refuerzo escolar, idiomas; urbanísticas: rehabilitaciones, equipamientos comunitarios; sociales; juveniles.

Cientos de jóvenes habitan Torrellas en Julio y muchos fines de semana a lo largo del año. Miles se han formado y fortalecido sus estructuras organizativas, en el Centro de Formación La Nave.

Han convocado en dos décadas a quinientos expertos, entre ellos presidentes autonómicos, consejeros, diputados, concejales -lo que hayan hecho en su acción política, tras esa confrontación, es otro cantar-. E incluso esos mismos jóvenes han asumido, adultos ya, responsabilidades institucionales o sociales –lo que hayan mantenido del espíritu torrellano en el que creció su vocación pública también es otra canción, demasiado a menudo un triste tango-. Pero la vida no siempre nos mira tal como quisiéramos.

Ahora el Ayuntamiento, Pilar, Vicente, ha decidido que nos miren las puertas del pueblo que representan.

Miradas que nos dicen: mirad, somos nosotras; nos bombardeáis en nuestras casas, nos ahogáis en el Mediterráneo, morimos de hambre en cualquier lugar del Planeta. Miradas que nos dicen, como nos dijo García Calvo:

Ese mundo no es el mío:
es el tuyo: el que en tus pupilas
hundido está desde siempre
y no lo alcanza mi vista.
A ese mundo quisiera entrar,
antes que suene la hora
– ay – de mi vida.

Pero ahora se abren las puertas de Torrellas para remedar a Salvatore Quasimodo:

Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è subito sera.

(Uno esta sólo sobre el corazón de la tierra
atravesado por un rayo de sol:
y de repente, la noche)

Excepto en Torrellas. Estamos juntas, en un Julio atravesado de agradables lloviznas. Y de repente, se abre la mañana.

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